Uno de los grandes peligros del verano es creer que es
interminable, muy largo, como si siempre fuésemos a estar a tiempo de acabar
cualquier cosa que nos propongamos. Nada más lejos de la realidad, el verano
son 9 semanas en las cuales, muchas veces, hemos de llegar a los mismos
objetivos que no hemos sido capaces de cumplir en 41 o 42 semanas de curso, si
echamos cuentas rápidas, esto implicaría que deberíamos hacer las cosas 5 veces
más rápidas que durante el curso. Evidentemente esto es teoría, porque en gran parte
de los casos la base que vamos a tener en julio cuando comencemos a preparar
los exámenes de septiembre va a ser totalmente diferente a la que teníamos en
septiembre del año anterior cuando comenzamos el curso. Todos estamos
capacitados para sacar adelante las asignaturas que nos propongamos, es solo un
ejercicio de disciplina y auto-exigencia.
Uno de los grandes problemas suele ser salir de ese
"circulo vicioso" que ha comenzado justo cuando nos han dado las
calificaciones finales. Empezamos a levantarnos cada vez mas tarde, hasta el
punto de estar durmiendo toda la mañana y empezamos a estar activos a la hora de
comer, estos actos nos llevan a permacer todo el día cansados, por las noches
nos dan las tantas hasta que conseguimos conciliar el sueño, y evidentemente, va
pasando un día, otro.... sin que hayamos empezado a estudiar. Los primeros días, cuando oigamos sonar el despertador van a ser evidentemente fatales, pero poco
a poco cuando consigamos alcanzar el ritmo que necesitamos para desarrollar la metodología
diaria que hemos de imponernos para alcanzar la meta exigida, lo vamos a ver
como un acto natural. El madrugar y estudiar por las mañanas para poder
disfrutar durante la tarde de piscina, amigos, amigas, familia.....ha de ser
algo cotidiano.
Así que lo dicho, mañana es 1 de julio, feliz verano, nosotros aquí seguimos al pie del cañón las últimas 9 semanas del curso.......
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