Dos de los conceptos que nuestra sociedad confunde de manera
cotidiana son la educación y la enseñanza, y más en concreto el infinitivo de
sus verbos.
Educar es un término
mucho más amplio en su significado que enseñar,
la educación es algo continuo, todos los seres humanos desde el momento en el
que nacen, se hallan en un continuo proceso de ser educados. No hace falta la
figura física de un educador, aunque evidentemente esta ayuda en el proceso,
todas las situaciones a las cuales nos enfrentamos en la vida pueden
producirnos un aprendizaje que influya en nuestra educación.
Decía Saramago que "la
escuela puede instruir a los alumnos, pero no puede educarlos, porque ni tiene
medios ni es su finalidad"
No cabe duda que el término "educar" llevado al
campo de la docencia ofrece varias contradicciones, por un lado el estado de
confort, en el que viven de manera continua muchos núcleos familiares, al
delegar las funciones más elementales de educación a los docentes, es un error
de gran importancia. La acción de dirigir, guiar, encaminar, conducir el
comportamiento y las actitudes de nuestros hijos competen en un primer lugar a
la propia familia, es aquí donde los
niños han de ser educados para afrontar unas normas de convivencia y
comportamiento que les permitan enfrentarse a situaciones externas a su núcleo
familiar. Estas pautas van a ser mucho más especificas que otras normas que se
den fuera de este núcleo y que también contribuyan al elemento educador.
Ante esta situación el papel
la escuela no ha de ser de mero observador, la escuela debe completar y
complementar de una manera mucho más globalizada la educación de los alumnos,
respetando y entendiendo la diversidad de los núcleos familiares, hecho que no
ha de ser excluyente, ya que si se actúa con las pautas adecuadas puede incidir
en ofrecer una educación mas rica y multicultural en los alumnos.
No cabe duda que una buena educación puede hacer mucho mas fácil
el proceso de la enseñanza.
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